Luchar para volar 16
Publicadas por
Unknown
2:15 p.m.
16.- The sewers belch me up, the heavens spit me out, from ethers tragic I am born again, and now I'm with you now.
Is it bright where you are? Have the people changed? Does it make you happy, you're so strange.
And in your darkest hour, I hold secrets flame, you can watch the world devoured in it's pain, strange.
Fui eructado por las alcantarillas, fui escupido por los cielos, del tragico eter renazco. y ahora estoy contigo.
Esta lleno de luz el lugar donde estas? Ha cambiado la gente? Te hace feliz ser tan extraño?
Y en tu hora mas oscura, yo guardo la llama de los secretos, puedes ver el mundo consumiendose en su propio dolor, extraño
The End Is the Beginning Is the End - The Smashing Pumpkins
Llegaban
al Hôpital Lariboisière donde trabajaban los doctores Fleury. Bruno saco
con cuidado a Sophie cargándola. Corrieron Jean Paul y el a urgencias. Rápidamente
un camillero se llevó a Sophie a un cubículo llamado Área de choque. Jean Paul
mientras llenaba los papeles de registro y decía a la recepcionista que esa
chica era la hija de los doctores Fleury. Bruno no paraba de dar de vueltas en
el pasillo. Jezebeth sonreía como nunca.
-Te
dije, tu "Pequeña Lotte" no iba a soportar algo tan fuerte! Creías
que era invencible? Mírala!- reía al ver a Ylahiah tomando la mano de Sophie.
Varios doctores y enfermeras la atendían... Su corazón se había detenido
-Cállate.
Tú causaste todo esto! Ella siempre ha sido alguien bueno! - dijo Ylahiah
mientras veía que entubaban a su pequeña, la conectaban a miles de aparatos y
la trasladaban a otro lugar, a la Unidad de Cuidados Intensivos.
Los esposos Fleury fueron llamados por el altavoz del hospital, se les requería a ambos urgentemente en UCI. Ambos estaban en una operación algo riesgosa, pero al escuchar tal cosa fue extraño para ambos, ya que no solo llamaban al doctor Alphonse sino también a Audrey Chavanel, su esposa; dejaron a sus segundos en la operación y subieron a ver que sucedía. Un amigo de ellos, el doctor Jacques Leblanc los recibió en la entrada.
-Jacques,
que sucede? Algún paciente de ambos esta aquí? Que paso? - pregunto preocupada
Audrey. En una pequeña sala de espera se encontraban Bruno y Jean Paul con
algunos familiares de los pacientes que se encontraban en UCI.
-Jean?
Tu qué haces aquí? - dijo el doctor Alphonse al ver sentado a su chofer.
-Al,
es Sophie- dijo Jacques.
-Que
sucedió? Jacq dime que Soph está bien, por favor dime que ella está bien-
Audrey sollozaba y abrazo Jean Paul.
-Está
bien podría decirse. Tuvo un paro cardiaco pero ya la logramos estabilizar, su
frecuencia respiratoria se detuvo, tiene un respirador. Ya hemos pasado por
esto muchas veces, sabemos que ella es fuerte.-respondió Jacques mientras le daba
a Alphonse el reporte médico hasta el momento.
Alexandre esperaba
que ella marcara, o mínimo saber de ella. Mañana se iría con Alexane a ese
prometedor y quizá, liberador viaje. Ese día él se la había pasado llorando por
la muerte de Josette. Aun no lo podía creer. Su hermosa Josette... No aguantaba
un minuto más, necesitaba saber que Sophie sabía que él se iría de viaje y que
en ese preciso momento necesitaba de ella, necesitaba saber que aun ella lo
amaba. Gabriel lo veía y sonreía.
-No es que sea yo
malo ni que te desee el mal ni nada por el estilo pero… Que no acaso Sophie fue
tu burla? Acaso no ella daba todo por ti y tu la engañabas? Acaso no ella
alguna vez te dijo que aunque le doliera y muriera de dolor, te dejaría libre y
a pesar de eso, se mantuvo ahí, contigo? No lo puedes negar Alexandre, pero
como siempre no me escuchas, bueno pues yo ya me canse de eso. Hoy si me
escucharas! – Gabriel tenía pensado ese día hablar con él en sus sueños. Aquel
arcángel poseía un temperamento nada sencillo aunque su aspecto fuera el de
alguien tan noble y gentil. Media cerca de 1.80, de tez morena clara, ojos
color gris y una cabellera castaña; su cara era total nobleza, a pesar de que
su cuerpo era de un adonis, aquellas facciones lo asemejaban a un niño
asustado, temeroso de todo aunque esa leve ilusión era falsa; siempre con
aquellas ganas de pelear, de no darse por vencido, aquellas ganas de darlo todo
y nunca pensar que todo estaba perdido… Ese era Gabriel. Y ese Gabriel hoy
enfrentaría a Alexandre, su tonto y mentiroso ser al que tenía que proteger.
-Te pareces mucho a
él, demasiado o quizá así lo quiero ver yo- decía Sophie sentaba en un columpio
viendo de frente a Ylahiah.
-Sí, lo sé. Yo era
su ángel. Pero me atraen los casos difíciles y el tuyo decían todos que era un
reto.
-Un reto? Porque un
reto?
-Existe el gran
libro, ahí todo ya está escrito. Tu historia está escrita desde antes que
nacieras. Yo ya sabía que ibas a sufrir mucho, las cosas así ya estaban
predestinadas. Pero ha habido sucesos muy feos y ahora, ha cambiado todo.
-Aun no me
respondes porque lo dejaste.
-Porque quise
protegerte desde que la gran mano escribió sobre ti.
-Y él? A el yo no
quiero que le pase nada… - Los ojos de Sophie se iban llenando de lágrimas.
-Él está bien
protegido, no te preocupes por él, la que me preocupa eres tú. Aquel pacto que
hiciste es muy delicado y debes de soportar todo lo que estas sufriendo.
-Pero ya no quiero!
Ya no tengo ganas de seguir, ya no quiero seguir Ylah!
-Debes de hacerlo,
hazlo por él. El tú sabes que le encanta tu sonrisa, tu manera de mover el
cabello y que termines despeinada. Hazlo, vive, soporta esto. Sé que puedes! Yo
no te dejare que sufras sola.
-Porque me pasa
todo esto?
-Porque eres
alguien que soportaría que el mundo se estuviera haciendo trizas y a pesar de
eso no correrías espantada, te quedarías para ayudar.
Sophie sonrió.
-Tú lo sabes
pequeña Lotte! Sé que podrás! No dejes que Jezebeth nos gane una simple
batalla! Aún nos falta la guerra… -Ylahiah se agacho
-Quien es Jezebeth?
-Tu demonio. Él
tampoco te deja sola. Te das cuenta que tu aura es un poco negra?- Ylahiah
señalo a Sophie. Ella se dio cuenta que su aura era un poco obscura y eso le
causo un leve temblor.
-Eso no es bueno
cierto, Ylah?
-No, pero sé que
juntos lograremos que esa aura vuelva a ser la de antes… Vuelva a ser azul
turquesa.
Audrey Chavanel veía
a su hija. Poco a poco se había ido apagando en ella esos sueños, esas
esperanzas, esa alegría que desbordaba. Pero de repente, aquella obra de teatro
la había animado como nunca. Ese día en la mañana desayunaba con tanta alegría,
con entusiasmo, con preocupación de no equivocarse, de no llegar tarde… Y ahora
verla ahí, verla de nuevo en cuidados intensivos. No, ella tenía para más, era
Sophie Fleury Chavanel, la próxima estrella en el teatro.
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